El 5 de agosto de 1876, de madrugada, el rey Luis II de Baviera llegó de incógnito en tren hasta Bayreuth. Allí se encontró con Wagner, con quien no coincidía desde hacía más de ocho años. Ludwig ardía en deseos de conocer la nueva creación de su admirado músico, El Anillo del Nibelungo, pero pidió hacerlo en soledad. Por ello, Wagner organizó un ensayo con la excusa de probar el vestuario, y así satisfacer los deseos de su misántropo mecenas. Tras El Oro del Rin, que el monarca vio junto a Wagner, el compositor le convenció para que los siguientes ensayos tuvieran público para que la acústica del Festspielhaus fuera la idónea.
Este es el boletín número 70 de la Guía del Festival de Bayreuth enviado el 4 de mayo de 2018. Si no quieres perderte ninguno, no lo dudes y suscríbete ya.